Llegó Don Miguel acompañado, a eso de las dos y media, de dos caballeros y una joven y bella dama. Aunque no tenian reserva pudimos agasajarles con...
Unos minutos para las 3:00, viernes, septiembre, 1953. Marlon Brando entra en el comedor. Miro al Maître, me guiña un ojo, le acompaña a acomodarse en una de las dos únicas mesas libres ese día. Antes de que el rumor de su presencia se extienda hasta el último rincón del local, la puerta del restaurante vuelve a abrirse para recibir a Orson Welles.

Llegó tarde, sin uniforme y más contenta que unas castañuelas. Dijo que se llamaba Rocío, era su primer día, venía a dar un extra y tendría unos 20 años.
Fue capaz de sentarse la última a la mesa del personal y arruinar con un puñado de sal la comida más esperada de la semana: arroz con pitu de caleya. Al Jefe de cocina fue al único que le cayó bien desde el principio.
Y la despidieron. Pero no porque no tuviera ni la más remota idea de lo que podía hacer un camarero en sus horas de trabajo, que no la tenía, sino porque la maitre llamó a la empresa de trabajo temporal que en teoría nos la había encomendado y descubrió que ellos habían enviado a un chico de barba llamado Juan Carlos.

Cuando ya había rociado con mi pistola de ácido sulfúrico (desengrasante) el primero de los dos hornos y me disponía a escapar como alma que lleva al diablo (durante 15 minutos no hay bicho viviente que aguante en la cocina aunque estén las ventanas abiertas) me tropiezo en la puerta con la Jefa de Cocina que entra toda nerviosa moviendo los brazos por encima de la cabeza.
– ¡Marco Pantani... enciende el horno rápido que está ahí fuera Pantani!-
-¿Quién?- Digo cuando el aire ya se ha hecho irrespirable y mis ojos empiezan a irritarse.
-¿Qué pasa que en Senegal no conocéis...? Marco Pantani es el mejor escalador del mundo... y está escapado... y tiene una pájara tremenda.

Creo que me ha impresionado ver la nieve por primera vez tanto como cuando tenía ocho años y me llevaron a ver el mar. Es como un edredón blanco, mullido y gigantesco, y mirándola me han entrado la nostalgia recordando a mi familia en Senegal. Una bola de nieve en la nariz ha enfriado mi tristeza y ha desatado una guerra entre el personal de cocina y el de sala. Todo el mundo parece muy contento, la Jefa de cocina se ha quitado por fin el gorro de Pantani y se ha puesto uno de Mama Noel. Ha vuelto de Sudamérica Rocío, una chica que había estado trabajando en el restaurante y que se había marchado con Lola Flores. Todos estamos impacientes porque vamos a cenar el mismo menú de nochevieja que los clientes.
