El día que nos visitó



Marco Pantani

LA VISITA

Cuando ya había rociado con mi pistola de ácido sulfúrico (desengrasante) el primero de los dos hornos y me disponía a escapar como alma que lleva al diablo (durante 15 minutos no hay bicho viviente que aguante en la cocina aunque estén las ventanas abiertas) me tropiezo en la puerta con la Jefa de Cocina que entra toda nerviosa moviendo los brazos por encima de la cabeza.
– ¡Marco Pantani... enciende el horno rápido que está ahí fuera Pantani!-
-¿Quién?- Digo cuando el aire ya se ha hecho irrespirable y mis ojos empiezan a irritarse.
-¿Qué pasa que en Senegal no conocéis...? Marco Pantani es el mejor escalador del mundo... y está escapado... y tiene una pájara tremenda.- Dice mientras prepara un soufflé de chocolate con natillas a la menta, uno de los postres que más le gustan a la gente.
La verdad es que me sorprendo un poco de ver a aquella señora, gran cocinera y madre de seis hijos, aquella señora que a veces incluso era como una madre para todos nosotros, aguantando la respiración y las lágrimas para prepararle algo de comer a un montañero y su ligue cuando la cocina ya lleva media hora cerrada.
-¿Para que tenga energía?- Le digo pícaramente.
Para que recupere las fuerzas.- me dice concentrada en el horno.
Cada vez más sorprendido asomo la cabeza por la puerta y veo al montañero que parece un pirata vestido como esos que andan en bicicleta los domingos y ni rastro de la pájara que debe de estar en el servicio pintándose los labios o algo parecido. Me aparto de la puerta justo antes de que la Jefa de Cocina me pase por encima (además de un gran corazón pesa el doble que yo). Le da el apetitoso postre al montañero que sin darle siquiera las gracias se lo mete a toda prisa en la boca como los de mi pueblo, sin cubiertos ni nada, y se marcha corriendo sin pagar y sin la pájara que no aparece. Igual es que está en una habitación del hotel y el montañero vuelve más tarde, no lo se. Hay costumbres que todavía no entiendo muy bien.
Al día siguiente todo el mundo habla del montañero que aparece en la primera página del periódico. Resulta que no es montañero sino ciclista y al parecer había ganado una carrera, La Subida al Naranco, pero el problema es que lo han descalificado porque parece ser que había hecho trampa al atajar por un camino más corto. La Jefa de Cocina está triste y enfadada por ello.
-Es verdad que por aquí se sube antes al Naranco, pero también es verdad que las cuestas tiene un desnivel más pronunciado, ¿Qué culpa tiene él de haberse perdido?-
Trato de animarla con una de las canciones de mi pueblo que tanto le gustan y a la tercera ya se está riendo como siempre.
-Pero el equipo de Pantani ha presentado una reclamación y ya veras negrín como esto no queda así.- Antes no me gustaba que me llamase negrín pero ahora me da igual, casi lo prefiero a que pronuncie mi nombre cada vez de una manera. Dice que me tengo que comprar una bicicleta para que empiece a sentir el ciclismo, yo creo que es una indirecta para que venga en ella al trabajo y así no llegue tarde.

Resulta que ahora ya no me llaman negrín, ahora me llaman gregario. Y todo por culpa del Marco Pantani que le ha sorbido el cerebro a mi Jefa de Cocina.

Como el equipo del Pirata había presentado una reclamación, varios miembros de la organización supervisaron el recorrido (aunque finalmente no invalidaron la clasificación que se quedó como estaba) y como andaban por la zona, Pantani los trajo a comer y ahí es donde empezaron los problemas.

Les gusto tanto el soufflé de chocolate con natillas a la menta que sobre la marcha idearon una carrera por etapas por distintas montañas del mundo que tuvieran problemas forestales. Participarían los diez mejores escaladores del año y una parte de los ingresos los dedicarían a rehabilitar esas montañas. Hasta ahí todo bien.

El problema es que cuando se despidieron, Pantani le regaló su famoso pañuelo de pirata a mi Jefa de Cocina. Y desde ese momento todo cambió.

Cuando esa señora, gran cocinera y madre de seis hijos, se puso el pañuelo en la cabeza no podíamos ni imaginarnos lo que iba a suceder. Al día siguiente ya me estaba esperando en la puerta de la cocina con una bicicleta de su hijo.
- Mi hijo no la usa y a ti seguro que te viene muy bien- Dijo con un extraño y misterioso brillo en los ojos.

Acto seguido reunió a todo el personal de cocina y clasificó a los jefes de cada partida como líderes del equipo con permiso para atacar cuando quisieran, a los ayudantes de cocina como rodadores que estuvieran atentos a lo cortes, y a los auxiliares como gregarios. Desde ese día todos nos pusimos a ver ciclismo para tratar de entenderla. Y bueno, hay unos cuantos símiles que son fáciles de seguir, por ejemplo cuando grita fuera de control es que la comanda ha entrado más tarde de las cuatro y no hay que hacerla, cuando grita pinchazo es que alguien se ha cortado, cuando te dice que te pongas a rueda es que ayudes a quien ella indique y cuando te habla de desarrollos está hablando de cantidades. Pero claro hay veces que...
El otro día que algunos comensales habían esperado demasiado entre plato y plato, nos echó una bronca terrible porque no habíamos estado atentos a los abanicos.

Y el día que tuvimos una boda..., y en mitad del servicio..., cuando estaban terminando el segundo plato y todos trabajábamos en silencio y concentrados..., ella se puso a gritar de repente somos un equipo de escaladores y tenemos que llegar juntos al pie de la montaña para demarrar en los últimos kilómetros con el soufflé de chocolate con natillas a la menta para dejarles sin respiración y que no les quede más remedio que aplaudir nuestra victoria.
Pero lo peor es que la ha tomado conmigo y cada mañana me espera en la puerta con el cronometro en la mano y el pañuelo en la cabeza gritando - Venga que cada día vas más suelto, venga que bates tu record...

En buena hora me regaló la bicicleta.

 

LA RECETA

Soufflé de chocolate con crema de natillas a la menta

Ingredientes para el soufflé

Para 7 soufflés

  • 200 gr de cobertura de chocolate
  • 4 huevos
  • 40gr de mantequilla
  • 50gr de azúcar

Ingredientes para la crema de natillas

  • 4 hojas de menta

  • 4 yemas de huevo
  • 2 tazas de leche
  • 80gr de azúcar

Elaboración

La crema de natillas

  1. En un cazo echamos la leche y las hojas de menta y lo ponemos en ebullición durante 5 min. Colamos y dejamos templar.
  2. Mezclamos las yemas y el azúcar hasta que éste se disuelva bien.
  3. Añadimos la leche sin dejar de remover para que las yemas no se cuajen.
  4. Lo ponemos todo al fuego hasta que rompa a hervir, y siempre revolviendo.

El soufflé

  1. En otro cazo ponemos la cobertura y la mantequilla al baño maría hasta que se desagan.
  2. De los 4 huevos separamos las claras y las yemas. Las claras las montamos a punto de nieve. Añadimos el azúcar y segimos batiendo hasta que se mezcle bien.
  3. Al cazo con el chocolate y la mantequilla ya templados, echamos las yemas y revolvemos bien.
  4. Mezclamos con las claras con un movimiento circular y de arriba hacia abajo (para que las claras no se bajen).
  5. Una vez tengamos la masa la ponemos en 7 flaneras individuales, bien untadas de mantequilla para poder desmoldar facilmente al final
  6. Al horno. 210º durante 9-10min.

Presentación

En un plato hondo echamos dos cucharadas de la crema de natillas bien fria. Colocamos el soufflé encima y adornamos con una hoja de menta.

 

Listo para comer

Buen provecho.

 

 

 

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